Si quieres apasionar, apasiónate… Mientras habla, Lluís suelta miles de mensajes de esos que merecen unos minutos de reflexión, pero tiene tantas cosas que contar, que te obliga a tomar nota y a aparcar la reflexión sobre ellos para más tarde.

Con tan solo 25 años, ha tenido tiempo de licenciarse, crear una empresa (a los 20 años), participar en un proyecto de ESADE para crear una start up en 48 horas, hacer un master mientras trabajaba en una agencia de comunicación en vivo organizando eventos corporativos a nivel nacional e internacional, viajar solo durante 6 meses por EEUU y Latinoamérica, colaborar con un centro creativo de generación de ideas para cambiar el mundo, organizar visitas ¡a Silicon Valley! para reunirse con Google o Facebook, viajar y trabajar en París, Londres, California, Colombia… ¡Ah! Y ser el responsable de restauración y catering en el Teatre Nacional de Catalunya y el Auditori, de la mano de Singularis.

Una carrera y un bagaje excepcional en tan poco tiempo… ¿cómo lo haces?

Con pasión. Este es el ingrediente principal que me facilita tener una actitud positiva y emprendedora, ser persistente y constante, no tener miedo a arriesgar y tirarme a la aventura, querer cambiar las cosas, crear una estrategia para conseguir mis objetivos y la que me permite no dejar de aprender y disfrutar.

Tuve la suerte de descubrir des de pequeño lo que me gustaba… y lo puse en práctica con la empresa que fundé cuando estaba en la universidad que unía: eventos – experiencias, gastronomía, personas, cultura y aprendizajes.

Mirándolo en perspectiva, me doy cuenta que lo que me gustaba y (aún persiste) es crear experiencias que transformen el pensamiento o acciones de las personas que las viven. Ya sean con una finalidad empresarial, social o simplemente de ocio. Si consigo esto, soy feliz.

Con 20 años fundaste BoBo Barcelona, un “club” para reunir personas que compartieran la afición por la gastronomía y la cultura. ¿Cómo te surgió la idea?

La idea proviene de mi hobby por excelencia: compartir experiencias gastronómicas con los míos. Mi objetivo era potenciar la cultura y la gastronomía entre los jóvenes, juntando personas diferentes pero con inquietudes similares. A través de diferentes eventos en distintos locales, conseguía reunir a amigos y aficionados a la gastronomía y la cultura para aprender, descubrir, compartir y vivir experiencias únicas.

Más adelante, reenfoqué el club y me centré en organizar actividades de team building para empresas, persiguiendo la creatividad, motivación y cohesión de equipos a través de la organización de talleres y experiencias gastronómicas.

¿Por qué el nombre BoBo Barcelona?

BOBO es un término de origen inglés, derivado de la combinación de palabras “BOurgeois” (burgués) y “BOhemian”, para definir un estilo de vida contemporáneo, que describe a personas amantes del buen comer y el beber, que frecuentan restaurantes de actualidad. Se trata de “urbanitas” atraídos por la cultura y la moda y que conocen las últimas tendencias en tecnología, amantes de la ecología, la naturaleza y viajar. El BOBO sabe disfrutar de los pequeños placeres y del lado más lúdico de la vida.

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Colaboras con Imagine, un centro creativo de generación de ideas “para cambiar el mundo”… ¿nos lo explicas?

Imagine va de eso: es un programa de innovación disruptiva en la que se generan ideas que consigan cambiar el mundo y cambiar la vida de las personas que se unen a este. Se trata de fomentar la cultura y el espíritu emprendedor así como la innovación como motores del cambio.

Empecé a colaborar con Imagine en 2014 cuando simultáneamente trabajaba en Event Management Institute. Durante ese año participé en dos programas: Imagine Cultura en Barcelona e Imagine Express en París y Londres. Mi responsabilidad, sobre todo, era la logística y la organización del programa y eventos.

¿Cómo compaginabas las dos empresas?

Las pude compaginar durante unos meses, hasta abril de 2015 cuando, después de 3 años, dejé la agencia de eventos. Mi decisión respondía a dos objetivos claros: el primero, tener una experiencia internacional y el segundo, ir a Silicon Valley.

Y así fue. El 1 de mayo 2015 estaba volando solo a EEUU sin billete de vuelta. Estuve dos meses haciendo una inmersión cultural americana muy intensa y, entre otras aventuras, durante el mes de junio alquilé una furgoneta (que era mi casa) en San Francisco y recorrí todo California, aprendiendo de las personas que iba conociendo. Esta aventura fue un aprendizaje constante que me ayudó a valorar algunas de las cosas más importantes en esta vida: la familia y los amigos.

¿Después de esta intensa aventura fuiste a Silicon Valley?

Exacto, durante el mes de julio estuve en Silicon Valley. En Imagine siempre hay un viaje que nos permite potenciar la creatividad.

En este programa se seleccionan 12 personas multidisciplinares de Barcelona, 4 equipos de 3 y las llevamos a San Francisco. Se marca un reto a corto plazo con mucha presión, se trabaja con método y sobre todo, un ingrediente imprescindible, una actitud positiva y emprendedora.

Este método permite crear soluciones disruptivas que se exponen al cabo de un mes en un gran evento en San Francisco delante de inversores y emprendedores. Entre otras actividades, cada día visitábamos empresas inspiradoras como Twitter, Ebay, Waze, Google…

¿Te sirven los aprendizajes de esta aventura para el desarrollo de tu trabajo en Singularis?

¡Por supuesto! E intento poner en práctica algunos de ellos. En Silicon Valley aprendí la importancia de compartir conocimiento. En Europa nos guardamos las ideas y nos da miedo compartirlo… Desde que he vuelto comparto mi conocimiento con mis colaboradores e intento que también lo hagan. Hay un proverbio chino que me gusta mucho que dice: si una persona intercambia un objeto con otra, cada una tiene un objeto, pero si intercambia una idea, ambas tienen dos ideas. Compartir conocimiento es fácil y nos enriquece a todos.

¿Cuál ha sido la experiencia que más te ha marcado de este proyecto?

Fue en el programa de Imagine Colombia en agosto. Venía del entorno más tecnológico del mundo y llegué a Medellín… Me di cuenta que había mucho talento con la mitad de recursos que en EEUU. Allí confirmé que tenemos talento en Silicon Valley, Colombia, Barcelona… pero la actitud positiva y el asumir riesgos son los ingredientes básicos para conseguir grandes cosas.

Relacionado con la actitud, vimos como 2 personas de clase social muy diferente pudieron trabajar juntos y presentar el proyecto que habían creado al cabo de 6 días en el congreso de tecnología más importante de Latinoamérica delante de 1.000 personas. El respeto fue la base del entendimiento y de la consecución de los objetivos.

¿Cómo combinas todo esto con tu trabajo en Singularis?

Actualmente Singularis ocupa la mayor parte de mi tiempo, por eso Bobo Barcelona y las colaboraciones con Imagine las dejo para mi tiempo libre y vacaciones.

Para conocer quién es Lluís Cintas un poco más…

¿Desde cuándo trabajas en Singularis?

Empecé en el mes de octubre de 2015.

Con tanto viaje, ¿qué es lo que nunca falta en tu maleta?

Una cámara fotográfica. Me gusta documentarlo todo. Dicen que un viaje no se olvida si hay algo que te lo recuerda.

De los diferentes países que has visitado, ¿cuál te ha sorprendido más por su gastronomía?

Uf, complicado. Todos me han sorprendido para bien o para mal… Pero me gusta probarlo todo. Debo decir que como el equilibrio que tenemos en el mediterráneo de producto, entorno y cultura, ninguno.

Más que en la gastronomía por sí sola, me gusta impregnarme y aprender de las personas autóctonas, conocer su día a día y sentirme uno más. Tuve el placer de vivir y cocinar con una familia colombiana y me sorprendió la importancia que le dieron a la materia prima. Tenemos que aprender de ellos y no sobrevalorar productos extranjeros y potenciar los locales.

¿Con qué plato, de todos los que has probado, te quedas?

La paella de mi abuela. Recuerdo cada miércoles, cuando estaba en la escuela de Figueres, durante la última hora de clase soñar con ella y se me hacía la boca agua… Mi madre también es una gran chef, creo que las dos tienen un ingrediente incondicional común… ¡único!

¿Alguna propuesta culinaria internacional para que se incluya en las creaciones de Singularis o menús de Serunion?

Desde mi punto de vista, la propuesta culinaria tiene que ir ligada a la procedencia del chef, para exprimirlo al máximo, y a la filosofía de la empresa.

Podemos cocinar sushi japonés, patacones colombianos, quesadillas mexicanas, menemen turco… pero la propuesta Singularis – Serunion creo que tiene que ir enfocada a potenciar el producto kilómetro 0 con recetas locales. Tenemos privilegios en España que pocos países tienen y (a veces) no valoramos: cultura culinaria y un entorno y clima idílicos para cultivar productos de alta calidad.

Innovaría antes en las emociones (empoderar sobretodo el olfato) que en gastronomía internacional. Sin emoción no hay atención, sin atención no hay motivación, sin motivación no hay acción y sin acción no hay memoria. Cuantos más sentidos impliquemos en nuestra gastronomía, más impacto tendremos.

¿Quieres añadir algo más?

Gracias por todo.

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